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«Los Ardillos son la cara visible de los intereses del sistema»: Denuncian encarcelamiento del activista Jesús Plácido

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A las comunidades en resistencia no se les dobla con persecución. Tras la detención del compañero Jesús Plácido Galindo, dirigente del Congreso Nacional Indígena (CNI) capturado el pasado 17 de julio en la vía San Marcos–Acapulco por fuerzas federales, la indignación y la solidaridad se articulan desde diversos rincones del país.

Frente a la acusación de homicidio calificado levantada por la Fiscalía General del Estado de Guerrero y su encarcelamiento en el penal de alta seguridad de «El Altiplano», en Almoloya, los pueblos levantan la voz para denunciar una abierta estrategia de criminalización contra la lucha comunitaria.

Desde el centro cultural «La Otra» en Xalapa, en una jornada informativa promovida por la Juventud Comunista de México, Óscar Espino, delegado del Totonacapan y vocero de la comisión de coordinación del CNI, desenmascaró el montaje legal construido contra el activista. Detalló que en octubre de 2021, periodo en el que las autoridades pretenden situar el delito imputado, Jesús Plácido ya contaba con el respaldo formal del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. En aquellas fechas no solo realizaba tareas organizativas en una localidad distinta, sino que permanecía bajo la custodia directa de efectivos policiales, volviendo insostenible el expediente del Estado.

El CNI, trinchera de articulación nacida en 1996 al llamado del EZLN para cobijar la autonomía y defensa territorial de las naciones originarias, alertó sobre la vulnerabilidad física que enfrenta el dirigente en el penal federal de Almoloya, donde su padecimiento de diabetes exige cuidados médicos que peligran bajo el régimen penitenciario.

«El argumento más fácil es echarle la culpa a las propias comunidades, como siempre, y por supuesto a los defensores, para no acreditar la responsabilidad que tiene el Estado y dejarlo como si fuera la lucha entre grupos. Nosotros lo que queremos no es que el Estado tutele nuestros derechos, sino que reconozca que los pueblos tienen derecho a hacer su propio camino. Es lo único que queremos, seguir vivos, y lo que hay en contra de nosotros es una guerra de exterminio», sostuvo Óscar Espino.

Las agresiones sobre la Alta y Baja Montaña de Guerrero no son nuevas; responden al acoso sistemático perpetrado por el grupo contrainsurgente «Los Ardillos», embestida que ante la indiferencia gubernamental empujó a la población a constituir sus propias policías comunitarias para salvaguardar la existencia misma de los poblados.

Durante la labor de denuncia, la memoria emotiva se hizo presente cuando Espino rememoró la travesía de Jesús en la delegación que recorrió la «Europa insumisa». Aquel viaje zapatista funcionó también como un resguardo táctico ante el inminente riesgo que corría la vida del activista en suelo nacional. Con la voz quebrada, el delegado recordó las palabras del compañero ante el reto de la tribuna internacional: «¿Qué les voy a decir? ¿Que todo está de la chingada?».

El llamado desde la capital veracruzana es claro: la aprehensión de Jesús Plácido es un golpe dirigido a la resistencia colectiva y no a un individuo. Con presencia del CNI en geografías de Veracruz como la Sierra de Huayacocotla, el Totonacapan, las Altas Montañas y la región sur popoluca y náhuatl, la defensa de los territorios, la vida y la libertad de los presos políticos se mantiene firme en la misma trinchera.

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